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Si estás cansado cuenta conmigo, yo siempre estaré a tu lado.

En los momentos de temor, angustia e incertidumbre, siéntete en mis brazos porque yo te abrazaré.

Si no ves el final del camino y te sientes agotado, ora, ya que el poder de la oración es inconmensurable.

Cuando necesites una guía en tus ideas, deseos, acciones o proyectos, pídeme inspiración y medita; porque si orar es hablar conmigo, meditar es escucharme.

Si te sientes solo, piensa que estás en el momento perfecto según tu evolución, debe ser así, no temas yo no te abandonaré.

No desesperes ante la enfermedad, pues ella será tu principal prueba. Ésta te hará mas fuerte en la fe y el espíritu.

La falta económica y de bienes materiales es un regalo que te hará valorar las pequeñas cosas.

Observa tus pensamientos, sentimientos, acciones y palabras. Observa también el peso de tu cuerpo, tu respiración, cualquier sonido perceptible.

Sé consciente de lo que ves, porque de verdad te digo que quien no despierte a sí mismo no entrará en el Reino de los Cielos.

Ama y respeta a la Naturaleza, los animales, las plantas, los minerales, el agua de los ríos, los mares, pues yo estoy en cada uno de ellos.

Para muchísimas personas que escriben a nuestra oficina cada semana, la vida ya no parece tener sentido. Tengo buenas noticias para usted. Dios no nos creó para ser un alma derrotada, desanimada, frustrada y errante que busca en vano la paz. Tiene planes mayores para usted. Tiene un mundo más amplio y una vida más grande para usted. La respuesta a su problema, no importa cuán grande sea, está tan cerca como su Biblia, es tan sencilla como las matemáticas del primer grado y tan real como el latido de su corazón.

La Biblia dice: “Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37). La Biblia enseña también que “todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe” (1 Juan 5:4).

Con la autoridad de la Palabra de Dios, le digo que Cristo es la respuesta a toda perplejidad desconcertante que aqueja a la humanidad. En Él se encuentra la cura para la preocupación, un bálsamo para el duelo, la sanidad para nuestras heridas y suficiencia para nuestra insuficiencia.

La oración es una gran bendición, y se nos promete que el Padre Celestial siempre está escuchando; pero reconocer Sus respuestas con frecuencia requiere algo de esfuerzo.

Piensa en esto: o Dios te escucha, o no lo hace. Si no lo hace, evidentemente orar no tiene sentido. Pero si Él escucha (¡y lo hace!), debemos llegar a entender cómo comunicarnos realmente en oración con Él, reconocer respuestas y avanzar con fe.

Cuando sentimos que no nos escucha, tal vez necesitemos experimentar algún progreso personal. Podrías hacerte algunas preguntas: ¿Soy puro? ¿Son dignas mis intenciones? ¿Estoy dispuesto a hacer lo que Él me pide?2. Si la respuesta a cada una de estas preguntas es sí, puedes estar seguro de que “el Señor tu Dios… dará respuesta a tus oraciones” (D. y C. 112:10). Recuerda que, algunas veces, las respuestas llegan de maneras sutiles o inesperadas.

Si respondiste no a alguna de esas preguntas, ¡nunca es demasiado tarde! Realiza los cambios necesarios en tu vida a fin de que puedas tener el Espíritu. Está dispuesto a actuar conforme a las impresiones que recibas.

No olvides que cada persona recibe respuestas de distinta manera. Ora para que el Espíritu Santo te enseñe el modo en que tú puedes reconocer las respuestas. Tal vez al principio no sea fácil reconocerlas, pero es como cualquier otra habilidad: la práctica hace al maestro. Ten fe y confía en que el Padre Celestial siempre escucha.